martes, 22 de febrero de 2011


Se cerraron los ojos chinos de la historia


ADIÓS. EL FOTÓGRAFO Y MAESTRO CARLOS DOMÍNGUEZ PERDURA EN SUS IMÁGENES

Fuente: El Comercio

Por: Roxabel Ramón
Viernes 18 de Febrero del 2011
Un chino de ojos grandes era. De ojos sabios y dientes de conejo. Solía llegar a la escena de la noticia con las manos en el bolsillo y actitud indiferente, pero ya estaba mirando, componiendo y ¡pum! disparaba. Al rato se iba y dejaba a sus colegas en busca aún de la noticia.

Sus amigos lo recuerdan riendo solito de esas capturas, detrás de sus gafas.

Ese era Carlos ‘Chino’ Domínguez. Ayer, a los 77 años, se fue –era su costumbre irse con desconocidos– con una fibrosis pulmonar y una insuficiencia renal crónica terminal. Así dijeron los médicos del hospital Almenara, donde ingresó en enero.

Perdurará en sus imágenes porque su herencia –su archivo fotográfico– es de un millón y medio de negativos, como presumía él.

El historiador Pablo Macera decía que el ‘Chino’ Domínguez era los ojos de la historia. Habrá sido los ojos chinos de la historia.

Con esa extensión de sí mismo que era su cámara de fotos fue testigo en primera fila de seis décadas candentes. En su lente quedó registrada la segunda mitad del siglo XX peruano: los intelectuales, los artistas, los políticos, los locos, los tristes, los demonios, las bellas.

Nació en Jesús María y pasó sus últimos años en Barrios Altos, La Victoria, Mirones. Él decía que era de todos los barrios. En los más bravos le respetaban la cámara porque sabían que era fotógrafo avezado: lo suyo era calle pero elegante.

En los 50, su padre lo disuadió de ser pintor porque –dijo– ese era oficio de borrachos. Entonces, el ‘Chino’ se hizo ayudante de Antonio Noguchi, en Foto Estudio Venus. Allí dio rienda suelta a su obsesión por la imagen. Luego vendría la pasión por el peligro.

Cuando todavía era el chinito que retocaba fotos en Venus, le llegó la beca para estudiar fotografía en Argentina. Eran los años 50 y estaban por venir dictaduras, revoluciones, guerras frías. Se regocijaron sus ojos jalados con los instantes decisivos de cada acontecimiento.

BOHEMIO Y HURAÑO
Era algo huraño el ‘Chino’, algo soberbio con algunos y de temperamento plantado. Prefería andar solo a rodearse de colegas que perseguían la foto noticiosa para cumplir y nada más. Se alejaba de conversaciones superfluas y las bromas fáciles, quizás porque era un gran sarcástico.

Quizás porque tenía amigos como César Calvo, quien lo conocía tanto que decía: “Tú mismo eres tu pareja ideal, Chino”.

Su collera también la formaron Reynaldo Naranjo, Sérvulo Gutiérrez, Guillermo Thorndike, Ángel Chávez, Manuel Scorza, Víctor Humareda, y muchos otros como ellos. Los encontró a todos en la calle, en los bares y en las redacciones. Y es que el ‘Chino’ pasó por varias redacciones, pero de todas se fue porque su espíritu era ‘free lance’.

Se casó con Antonieta Gamarra –la ‘China Domínguez’–, la primera fotógrafa de policiales. Con ella, que fue capaz de seguirle el ritmo, tuvo cuatro hijos.

Publicó “Los Peruanos” (1989), cuya segunda edición ya no se encuentra en librerías. Recientemente publicó “El círculo invisible”, en que aparecen los retratos de peruanos entrañables y eternos, como él.


Otros merecidos homenajes:


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